La Cartografía de las Ruinas, encabezó la lista de cuentos galardonados en la noche de premiación del 30º Concurso de Cuentos del Club Centenario 2025, obra escrita bajo el seudónimo de Serapio. En el acto se dio a conocer el rostro de Alexander Páez, escritor colombiano radicado en Paraguay y destacado alumno de la Escuela de Artes Literarias del Instituto Superior de Bellas Artes, a quien tuve el gusto de entrevistar.
En una sociedad muy carente de autonarrativas, Alexander sostiene que para él este premio significa que es posible escribir con poder en Paraguay y desde una voz propia. Agradecido con las personas que creyeron en sus letras, recibió la distinción de ganador afirmando que también le pertenece a la Escuela de Artes Literarias. «Cuando decidí ser parte de la Escuela de Artes Literarias y recibimos el reto de presentarnos, yo dije: quiero contar una historia que muestre lo que significa Paraguay para mí; para una persona que se considera un escritor paraguayo, aunque sea colombiano», relató.
Una ficción que narra la verdad
La Cartografía de la Ruinas es una suerte de metaficción que traza un paralelismo entre las trágicas semejanzas de Colombia y Paraguay: «Cómo las cicatrices del pasado y el olvido, nos hermanan de manera profunda», me explicó.
Cuenta la historia verídica de Petrona Villasboa —cuyo hijo y hermano, Serapio, fueron víctimas de los agroquímicos y la venganza de los sojeros— y crea un encuentro ficticio entre ella y una mujer colombiana, distantes en territorio, pero unidas por el mismo dolor.
Esta obra está inspirada en La forma de las ruinas, de Juan Gabriel Vásquez y está dedicada a quienes le prestan voz: Petrona y Serapio. En un doble significante, Alexander tomó el nombre del coprotagonista para firmarla, rindiéndole homenaje y también haciendo alusión a la expresión popular paraguaya: ¿será pio?
Escribir con el corazón
Cuando me interesé por saber si su profesión de alguna manera vive en su literatura, me hizo saber efusivamente que no son asuntos separados. Alexander es psicólogo y pedagogo. Se dedica, en sus palabras, a tomar buenas ideas para convertirlas en proyectos viables que puedan desarrollar transformaciones sociales. Su literatura brota de la mezcla entre lo académico y el trabajo con comunidades vulnerables.
Una pluma ensayística
Aunque ha incursionado en géneros como cuento, novela corta y poesía, él insiste en que su voz más auténtica es la de un ensayista. Sus referentes: Fernando Vallejo, Mario Vargas Llosa, J.M. Coetzee, Corman McCarthy; lo indujeron a desarrollar esa inclinación por pensar el mundo y escribirlo.
Le obsesionan la historia, la sociedad y las contradicciones de la vida contemporánea: una época hiperconectada y, aun así, extrañamente solitaria. Ahora trabaja en una novela titulada La piel del cielo, que examina esa paradoja. «Si alguna vez escribo algo memorable, seguramente será un ensayo literario», me aseguró.
Escribir para no olvidar
Alexander me confesó que su pasión más fuerte es la literatura, desea ser conocido y recordado como un escritor. La razón de ser de su escritura es contribuir con la memoria histórica, mostrando todo cuanto el poder busca silenciar y la sociedad quiere callar; su literatura es un instrumento de justicia para dar voz a quienes ya no están. «Estoy vivo gracias a la literatura. Es que la literatura es, quizás, de los únicos géneros artísticos que realmente nos narran», expresó.
Literatura hiperrealista
Su narrativa transita un límite singular: un hiperrealismo profundamente latinoamericano que se permite jugar con la ciencia ficción. Me dijo que siempre le resultó difícil escribir fantasía porque no la sentía propia y no vivía en ella. En cambio, encontró en la ciencia ficción un poderoso recurso capaz de atrapar sin distraer del corazón de la historia.
Le interesa la baja ciencia ficción, donde lo tecnológico no es protagonista. «Yo uso la ciencia ficción para engañarte vilmente y traerte a hablar de un tema que creo que deberíamos hablar», reconoció.
Arai Lazarte
prensa@bellasartes.edu.py


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